Os voy a ser sincero: pagar un seguro de viaje duele. Es ese dinero que sueltas esperando tirarlo a la basura, porque significa que no lo has usado. Pero después de 10 años viajando y un par de sustos gordos (una apendicitis en Tailandia que casi me cuesta un riñón, literalmente y económicamente), aprendí la lección.
No vengo a venderte la moto. Vengo a explicarte, de viajero a viajero, en qué me fijo yo antes de darle al botón de 'Comprar' para no llevarme sorpresas si las cosas se tuercen.